Durante años, organizar un viaje a Vietnam significaba, en buena medida, construir una ruta alrededor de sus destinos más reconocidos: Hanói, la bahía de Ha Long, Hoi An, Hue, Ho Chi Minh o el delta del Mekong. Esa estructura sigue siendo válida. Vietnam conserva una diversidad geográfica y cultural que permite combinar ciudades históricas, gastronomía, naturaleza, patrimonio y vida local dentro de un mismo viaje.
Lo que está cambiando no es necesariamente la importancia de esos destinos, sino la manera de conectarlos.
La evolución del turismo hacia modelos más sostenibles, comunitarios y especializados está llevando a la industria a prestar mayor atención a cuestiones que van más allá de la simple selección de lugares: cómo se distribuyen los beneficios del turismo, qué papel desempeñan las comunidades locales, cómo se protege el patrimonio y de qué manera puede diseñarse una experiencia que responda realmente a las prioridades de cada viajero.
En Vietnam, esta evolución también encuentra respaldo institucional. Las autoridades han señalado la necesidad de desarrollar un turismo más sostenible, proteger los valores culturales y naturales, fomentar la participación de las comunidades y diversificar los productos turísticos.
Para Dr. Pham Ha, Founder and CEO of Lux Travel DMC, este cambio obliga a replantear una cuestión fundamental: el valor de un viaje no debería medirse únicamente por cuántos destinos incluye, sino por la calidad de las decisiones que permiten construirlo.
Un mercado turístico que crece y cambia de escala
La transformación de los viajes a Vietnam también puede observarse en la evolución del mercado. Según la Oficina General de Estadística de Vietnam, el país recibió cerca de 21,2 millones de visitantes internacionales en 2025, un 20,4% más que en 2024. Un año antes, Vietnam había registrado casi 17,6 millones de llegadas internacionales, recuperando el 97,6% del nivel de 2019.
Este crecimiento no solo refleja una recuperación cuantitativa. También coincide con una nueva etapa de planificación turística. La Planificación del sistema turístico de Vietnam para 2021–2030, con visión hasta 2045, aprobada mediante la Decisión 509/QĐ-TTg, establece como objetivo que, para 2030, el turismo se convierta realmente en un sector económico clave y avance hacia un modelo de crecimiento verde. El plan contempla alcanzar 35 millones de visitantes internacionales y 160 millones de visitantes nacionales en 2030, además de elevar la contribución directa del turismo al 13–14% del PIB.
La misma planificación pone el foco en mercados con mayor capacidad de gasto, estancias más largas y nuevos segmentos, al tiempo que plantea diversificar los mercados internacionales y aumentar la participación de viajeros de mayor valor.
Estos datos ayudan a entender por qué la evolución del turismo en Vietnam no consiste simplemente en recibir más visitantes. A medida que el mercado crece, también aumenta la importancia de diseñar productos capaces de responder a diferentes expectativas, ritmos, intereses y niveles de experiencia.

Del itinerario estándar al viaje diseñado alrededor del viajero
Un itinerario turístico puede parecer sencillo sobre el papel. Se seleccionan destinos, hoteles, actividades y transportes, y después se organizan dentro de un calendario. El verdadero desafío comienza cuando el viaje debe responder a una persona concreta.
Una pareja que busca privacidad no necesariamente necesita el mismo ritmo que una familia. Un viajero interesado en gastronomía puede valorar más el tiempo dedicado a explorar una región que una larga lista de monumentos. Para alguien apasionado por la fotografía, la luz, los horarios y la posibilidad de permanecer más tiempo en un lugar pueden ser más relevantes que añadir una nueva parada al recorrido.
Esta diversidad explica por qué la personalización no debería limitarse a cambiar un hotel o añadir una excursión.
Un viaje verdaderamente personalizado requiere tomar decisiones sobre ritmo, conexiones, duración de las estancias, intereses, nivel de interacción local y margen de flexibilidad.
En este contexto, los paquetes de viajes a Vietnam pueden cumplir una función útil como punto de partida, pero su valor depende de cómo se adapten al viajero. Un producto prediseñado puede organizar la logística; un itinerario diseñado a medida busca además responder a la razón por la que esa persona ha decidido viajar.
Desde la perspectiva de Dr. Pham Ha, el trabajo de un DMC especializado comienza precisamente ahí: comprender primero al viajero y después construir el recorrido.
Más destinos no significa necesariamente una experiencia más completa
La geografía de Vietnam permite construir itinerarios muy diferentes. El norte, el centro y el sur presentan paisajes, tradiciones, gastronomías y ritmos de vida distintos. Esta diversidad puede convertirse en una ventaja para el viajero, pero también plantea una cuestión de diseño: cuánto tiempo merece cada lugar.
Un itinerario demasiado concentrado puede transformar el viaje en una sucesión de desplazamientos. Por el contrario, permanecer más tiempo en determinados destinos permite observar aspectos que difícilmente aparecen durante una visita rápida.
La diferencia no está en afirmar que viajar despacio sea siempre mejor. No todos los viajeros buscan lo mismo. Algunos prefieren recorrer varias regiones en un mismo viaje; otros desean profundizar en una sola zona.
La cuestión es que el ritmo debe responder al propósito del viaje.
Para un operador local, esto implica conocer no solo qué lugares merece la pena visitar, sino también cuánto tiempo tiene sentido dedicarles, cómo se conectan entre sí y qué combinación resulta coherente para un perfil concreto de viajero.
Ese conocimiento rara vez aparece en un catálogo.
La autenticidad necesita contexto, no solo lugares menos conocidos
La palabra “auténtico” se ha convertido en una de las más utilizadas en el lenguaje turístico. Sin embargo, presentar la autenticidad simplemente como la búsqueda de lugares alejados de las rutas habituales puede resultar demasiado limitado.
Una experiencia puede adquirir mayor profundidad cuando el viajero entiende el contexto que existe detrás de ella: quién mantiene una tradición, cómo funciona una comunidad, por qué una determinada actividad forma parte de la identidad local o qué relación existe entre una práctica cultural y el territorio.
El enfoque de ASEAN sobre community-based tourism ofrece un marco especialmente relevante. El estándar define este modelo como una actividad turística gestionada o coordinada a nivel comunitario que contribuye al bienestar de las comunidades, apoya medios de vida sostenibles y protege tradiciones y recursos naturales y culturales. También incorpora principios como la participación de la comunidad, el respeto por la cultura local, la conservación de los recursos y una interacción significativa entre anfitriones y visitantes.
Esto cambia la conversación sobre la “experiencia local”.
No se trata simplemente de llevar al viajero a un lugar que parezca diferente. Se trata de crear una interacción que tenga sentido para ambas partes.
Un taller artesanal, una experiencia gastronómica o una visita comunitaria adquieren mayor valor cuando existe una relación respetuosa con quienes viven y trabajan allí. El papel del operador consiste, entre otras cosas, en comprender ese contexto y determinar cómo integrar la experiencia sin convertir la vida local en un simple producto escénico.
El lujo puede estar en la libertad de elección
En el turismo de alta gama, el lujo no se limita a la categoría de un hotel o a la exclusividad de un servicio.
Para un viaje a medida, también puede expresarse en elementos menos visibles: disponer de tiempo suficiente, evitar desplazamientos innecesarios, contar con asistencia cuando se necesita, poder modificar determinados aspectos del itinerario y no tener que adaptar las propias preferencias a una estructura rígida.
Esta perspectiva no elimina el papel de los hoteles de lujo, la gastronomía de alto nivel o los servicios privados. Los integra dentro de una definición más amplia de calidad.
Desde la óptica de un DMC, el lujo puede entenderse como la capacidad de coordinar todos esos elementos de manera coherente.
La diferencia entre una experiencia simplemente cara y una experiencia cuidadosamente diseñada no está necesariamente en la cantidad de servicios incluidos. Está en si esos servicios responden a una necesidad real del viajero.
Por eso, para Dr. Pham Ha, la personalización no debería funcionar como una etiqueta comercial añadida a un paquete estándar. Debería formar parte de la arquitectura del viaje desde el principio.
La sostenibilidad deja de ser un elemento añadido
La sostenibilidad plantea una cuestión similar.
No basta con añadir una actividad “verde” a un itinerario para convertirlo en un viaje responsable. La sostenibilidad afecta a decisiones más amplias: proveedores, transporte, actividades, consumo de recursos, relación con las comunidades y conservación del patrimonio.
La propia orientación de Vietnam hacia el desarrollo turístico sostenible ya forma parte de la planificación oficial del sector. La Planificación del sistema turístico 2021–2030, con visión hasta 2045, establece que el desarrollo turístico debe avanzar hacia el crecimiento verde, la conservación de los valores culturales y naturales y una mayor contribución del turismo al desarrollo de las comunidades. Entre sus objetivos ambientales para 2030 se incluye también la eliminación de productos plásticos de un solo uso y bolsas de plástico no biodegradables en los establecimientos turísticos y zonas contempladas por el plan.
Esto es relevante porque demuestra que la sostenibilidad ya no aparece únicamente como una tendencia de marketing. Forma parte de la dirección estratégica con la que Vietnam está planificando el crecimiento de su industria turística. Para el viajero, la cuestión pasa entonces de preguntar si un viaje es “verde” a comprender cómo las decisiones concretas de un itinerario contribuyen a la conservación, las comunidades locales y el uso responsable de los recursos.
A nivel regional, ASEAN también ha desarrollado estándares específicos para distintas áreas del turismo sostenible, incluido el ecoturismo y el turismo comunitario.
La consecuencia para el viajero es importante: la sostenibilidad puede evaluarse no solo por lo que una empresa afirma, sino por cómo incorpora estos principios a la operación del viaje.
Para un DMC, esto significa que la responsabilidad no termina en la comunicación. Debe reflejarse en las decisiones que se toman antes de que el viajero llegue al destino.
El conocimiento local se convierte en parte del producto
Cuanto más personalizado es un viaje, más importante se vuelve el conocimiento del destino.
Un DMC local no debería limitarse a reservar hoteles y transporte. Su función puede abarcar la interpretación del destino, la selección de proveedores, la coordinación de experiencias, la gestión de conexiones y la adaptación del itinerario cuando las circunstancias lo requieren.
Esta función adquiere especial relevancia en países con una geografía y una diversidad cultural como Vietnam.
Conocer un destino significa comprender sus distancias reales, los tiempos de traslado, las particularidades de cada región, la estacionalidad de determinadas experiencias y las dinámicas de las comunidades que reciben visitantes.
También significa saber cuándo una experiencia encaja con un determinado viajero y cuándo no.
La diferencia puede parecer pequeña sobre el papel, pero tiene consecuencias importantes en la experiencia final.
En este sentido, el conocimiento local no es únicamente una herramienta logística. Es una forma de reducir fricciones y tomar mejores decisiones de diseño.
Viajar de forma responsable también implica cambiar la relación con el destino
El desarrollo del turismo comunitario en ASEAN ofrece otra perspectiva relevante: el visitante no es el único actor que debe beneficiarse de una experiencia turística.
El estándar regional plantea la necesidad de fortalecer las economías locales, respetar las tradiciones, conservar los recursos naturales y culturales y crear relaciones mutuamente beneficiosas entre visitantes y comunidades.
Este enfoque también aparece en la estrategia de desarrollo turístico de Vietnam, que pone énfasis en la participación de las comunidades, la conservación del patrimonio y la creación de productos vinculados al turismo rural y comunitario.
Por tanto, diseñar un viaje responsable no consiste únicamente en elegir una actividad con una etiqueta sostenible.
Implica preguntarse quién participa, qué recursos se utilizan, qué beneficios genera la actividad y cómo se relaciona con el lugar que la acoge.
Para un viajero internacional, estas cuestiones pueden ser difíciles de evaluar desde el exterior. Para un operador que trabaja sobre el terreno, forman parte de la responsabilidad de diseñar y coordinar el viaje.
Qué significa todo esto para un viaje a Vietnam
La evolución del turismo no elimina los destinos clásicos ni convierte la personalización en la única forma válida de viajar.
La bahía de Ha Long sigue siendo relevante. Hoi An continúa siendo una referencia cultural. Hanói, Hue, Ho Chi Minh City y el delta del Mekong siguen ofreciendo razones diferentes para formar parte de un itinerario.
Lo que cambia es la manera de conectarlos.
Un viaje puede combinar destinos emblemáticos con experiencias culturales, gastronomía regional, naturaleza y encuentros con comunidades locales. Puede ser dinámico o pausado. Puede centrarse en patrimonio, bienestar, gastronomía, aventura o una combinación de intereses.
La diferencia está en el diseño.
En lugar de comenzar con una lista de productos disponibles y buscar después a quién venderlos, el enfoque a medida parte de una pregunta diferente: qué quiere experimentar el viajero y qué estructura permite hacerlo de forma coherente.
Es una distinción especialmente relevante para quienes buscan viajes de alta gama, porque el valor de la personalización reside precisamente en evitar decisiones innecesarias y concentrar los recursos del viaje en aquello que realmente importa.
El futuro no consiste en elegir entre lo conocido y lo nuevo
La transformación del turismo en Vietnam no debe interpretarse como una ruptura entre el turismo tradicional y el turismo contemporáneo.
Los viajeros seguirán queriendo conocer lugares emblemáticos. Seguirán existiendo itinerarios de primera visita, circuitos culturales y viajes que combinan varias regiones.
Lo que está ganando importancia es la capacidad de adaptar esos elementos.
El crecimiento de las llegadas internacionales, junto con la planificación turística oficial para 2030, muestra que Vietnam está entrando en una nueva etapa de desarrollo en la que el volumen de visitantes convive con objetivos de mayor valor, crecimiento verde, conservación cultural y diversificación de productos.
Desde esta perspectiva, la personalización no significa simplemente añadir más opciones.
Significa seleccionar mejor.
Significa entender que dos viajeros pueden visitar los mismos lugares y, sin embargo, necesitar itinerarios completamente diferentes.
Y significa reconocer que el verdadero trabajo de un DMC comienza mucho antes de que el viajero llegue al aeropuerto.
Para quienes buscan descubrir Vietnam con mayor profundidad, la cuestión ya no es únicamente qué destinos incluir.
La pregunta es cómo conectar esos destinos, experiencias y personas para crear un viaje que tenga sentido para quien lo realiza y respeto por el lugar que lo hace posible.
Esa es la visión que está detrás de los viajes a medida y el espacio en el que el conocimiento local puede convertirse en una parte esencial del valor del viaje.